7 abr. 2010

La Serpiente de Uróboros, de E. R. Eddison

Voy con una reseñita, para los que tengáis ganas de una buena lectura y no os acabéis de decidir entre la apabullante cantidad de novedades editoriales en el Fantástico.

La gran historia épico-mítica, la guerra entre demonios y brujos, comienza cuando por azares de la soberbia, se establece un duelo a muerte entre sus dos señores: Gorice XI y Goldry Bluszco se enfrentan en combate singular, como sólo podía ser entre dos seres de enorme destreza y leyenda, que habían participado en la dura guerra contra los ghouls durante los cuatro años pasados, distinguiéndose con honores. Ya en ese momento, cuando aún no tenemos claros ni los alineamientos ni los personajes, comienza a destacar uno de ellos, Gro, consejero del rey brujo, uno de esos seres de ficción que parecen sumamente reales, sabio pero voluble a un tiempo. En medio, los del Foliot Rojo, seres poco belicosos y que por tanto suelen mostrarse obedientes al rey de los brujos Gorice. Tras la guerra pasada contra la horda ghoul, se estableció un pacto de paz entre Demonlandia, Trasgolandia, Brujolandia, Goblinlandia y el Foliot Rojo, a la luz del cual los brujos ostentan el señorío de Mercurio, como se llama este mundo. Duendelandia, en cambio, es el lugar para las leyendas y los mitos, tierra indómita donde cualquiera se lo piensa dos veces antes de entrar, allá dónde los años se detienen o se estiran en un suspiro hasta el infinito, criadero de maldiciones y extraordinarios aliados.
Hecha una idea aproximada del mundo que Eddison nos esboza, en un principio, para ir desgranándolo luego poco a poco, lo primero que llama la atención es el nombre de sus diferentes reinos: Trasgolandia, Goblinlandia... La traducción representa, probablemente, un error hoy día, aunque también probablemente, no lo fue en su tiempo, allá en los inicios de los noventa, cuando España todavía estaba notablemente retrasada respecto a Europa, y el inglés no estaba tan extendido; entonces, traducir Demonland o Warlockland por Demonlandia o Brujolandia, como lo hizo su curtido traductor Alejandro Pareja, suponía un acierto que ahora se nos puede antojar, por diferentes motivos, ciertamente ramplón. El nombre del mundo es Mercurio, y a pesar de que se menciona demasiado poco, parece simbólico: remitiría a la mitología clásica, de la que esta obra y su autor son claros deudores, como esbozaré durante estas páginas y quedará patente para quien lea este libro. Ello es así, en tanto que no quedan ahí las referencias al dios del comercio de los romanos (Mercurio), sino que empiezan antes de que leamos el libro: en efecto, la Serpiente de Uróboros fue considerada por los seguidores de Hermes uno de los cuatro símbolos de la eternidad, circular y repetida a lo largo del tiempo, por eso, la serpiente se muerde la cola. Para los no iniciados en conocimientos ocultistas o de religiones antiguas, diré que el dios de los romanos Mercurio, era, claramente una prolongación del dios de los griegos Hermes, con lo que el círculo lógico (Serpiente Uróboros – herméticos seguidores de – Hermes – Mercurio: dios romano y mundo de esta obra) queda bastante claro.
Otro nombre que Eddison usa con frecuencia para referirse a ciertas regiones de su mundo, debería sonar de algo a la mayoría de nuestros lectores: tierras meridionales. El mismo Tolkien se reconoció ferviente admirador de La Serpiente de Uróboros, cuya influencia sobre el profesor británico nacido en África se debería estudiar, largo y tendido, en otro momento y lugar, pero que a mí se me aparece clara, cuanto menos, en relación a El Silmarillion. Paralelismos aparte, el mundo en que transcurre esta narración, con rasgos de epopeya y épica, se podría decir que es un mundo al servicio de la acción; su autor no abunda en detalles del lugar, excepto en los pasajes más poéticos o en aquellos donde el terreno juega un papel fundamental (véase la ardua escalada del Koshtra Pivrarcha o algunas batallas). El tiempo, por otra parte, está más dilatado incluso que los lugares: el tópico del plazo se deforma (por ejemplo, cuando dos de los demonios principales están de búsqueda en la peligrosa Duendelandia y tienen que regresar a su Demonlandia natal, antes de que sea doblegada bajo los ataques de los brujos), y se conjuga con unas referencias temporales que resultan, a menudo, insuficientes; pero que cumpliendo con su función, dejan su importante espacio a la trama y los personajes.
Dos grupos de personajes resaltan, uno en cada bando principal. En el rincón dorado, grandes, poderosos y con ganas de matar, los demonios: Brandoch Dahá, Juss, Goldry Bluszco y Spitfire. Brandoch Dahá, ya había vencido y matado a uno de los reyes brujos Gorice (que así se llaman todos ellos) durante rencillas pasadas, es rápido en la ira, la juerga y la risa; carismático, representa al guerrero sin parangón. Juss es el gran arcano de los demonios, inspira un respeto reverencial a todos, y a menudo les salva de la perdición mediante sus artes mágicas. Goldry es el señor actual de los demonios, desencadenante de la fábula; y Spitfire es el menor de ellos, aunque todos confían en él como un hermano y hombre de coraje. No olvidemos que ser el menor entre los más grandes guerreros, no significa, ni mucho menos, lo mismo que ser uno pusilánime.
En el rincón morado, con veteranía, magos en ardides y la estrategia bélica, los brujos: Gorice XII, Corinius, Córund y Gro. Gorice es el doceavo en su línea de reyes brujos, todos comparten un misterioso origen y todos se llaman Gorice, aunque cada uno se destaca por una cualidad caracterizadora: un monarca es un guerrero sin par, otro es un brujo poderosísimo... Por otro lado, entre los dos siguientes brujos, Corinius que es el mejor general joven de Brujolandia, y Córund, el mejor general veterano, se establece una competencia clara por el favor de su rey. Los hijos de Córund prolongan esta competencia con Corinius. Estas rivalidades internas, que se extienden a otros adalides del bando brujo, son las que acabarán a la postre por debilitar su supremacía. No he dejado a Gro para el final por casualidad. Él, nacido en Goblinlandia, que empieza en el bando de los brujos, me pareció personalmente el más creíble y fascinante de los variados guerreros que pueblan, con sus distintas voces, las aproximadamente quinientas páginas. Es un filósofo que advierte a los de su causa unas veces, en ocasiones un sofista que con su oratoria lleva a cada cual por donde quiere. Pero ojo, también es voluble, y débil al encanto de las mujeres.
No se espere el lector encontrarse con dragones, elfos u orcos; ni tan siquiera demonios, aunque así se llame una de las facciones y un reino, Demonlandia. Eddison es parco en monstruos o razas mitológicas-fantásticas, y cuando aparecen, desempeñan papeles cruciales. Por otro lado, aquí no hay buenos ni malos, los alineamientos son grises y cada bando, lucha por su honor y su poder, cuando no por mera soberbia.
No quisiera terminar sin hacer referencia, aunque sea escuetamente, al lenguaje de esta obra que para mí, debe figurar entre las lecturas imprescindibles de los amantes del género: al principio resulta duro, pero cuando nos acostumbramos a un vocabulario que tiene más de clásico que de moderno, se vuelve exquisito como el sabor de un melocotón que resultara agrio al principio, y dulce a la postre. Y como muestra un fragmento, con tintes de augurio:

―Los agüeros caen sobre nosotros, oh Gro ―dijo el otro―. En primer lugar, el cuervo nocturno que rodeó el palacio de Carcë volando hacia la izquierda la noche en que  el rey aceptó este desafío, y cuando estábamos todos borrachos de vino después de nuestro gran banquete y comida en sus salones. Después, el rey tropezó cuando subió a la popa del barco largo que nos trajo en este viaje a estas islas. Después, el copero bizco que nos sirvió anoche. Y, todo el tiempo, el orgullo demoníaco y el espíritu fanfarrón del rey. Basta: está de muerte. Y los dados caen en su contra.

Así es La Serpiente de Uróboros, tiene más de Virgilio y Homero de lo que en estos tiempos solemos leer; pero también tiene los valores que más tarde marcaron los caminos de la épica moderna: heroísmo, traición, compañerismo, valor, ambiciones enfrentadas… Un afortunado hito de la épica y la epopeya, marchando hacia el ocaso bajo la égida de la fantasía.


Título: La Serpiente de Uróboros.
Título original: The worm Ouroboros.
Autor: Erik Rucker Eddison.
Año: 1926.
Traducción: Alejandro Pareja.
Editorial: Minotauro.
Páginas: 494.
ISBN: 84-450-7483-0.

[Publicada por primera vez en la web especializada www.espadaybrujeria.com]

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