19 dic. 2011

Entrevistas PODCAST El yelmo del caballero

Aquí os pego el enlace de las dos entrevistas, en orden cronológico, que me han hecho desde la salida de mi novela "El yelmo del caballero". Las he recortado del cuerpo de sus respectivos programas (citados igualmente en el nombre del archivo, por si queréis oír los programas enteros). En la primera hablo con los chicos de La Base Secreta (Chuky y David) sobre la novela. En la segunda, con Víctor y Marta de Hello Friki, hablo más extensamente de mi trayectoria y otros asuntos relacionados con la literatura. Mi sincero agradecimiento a todos ellos por su apoyo y profesionalidad.

Entrevista La Base Secreta


21 nov. 2011

1ª Reseña del "Yelmo del caballero" en La ventana de los libros.

Ya está disponible http://laventanadeloslibros.blogspot.com/ la primera reseña de mi novela. Mi sincero agradecimiento a Anabel, que además de acompañarme en la presentación durante la Imagicon, ha sido la primera reseñadora. Espero que os guste.

15 nov. 2011

Cronología de Aru

1.      Protohistoria e historia de Aru. Acontecimientos más importantes.
Durante nuestra lectura del Yelmo del caballero nos acercaremos a leyendas, batallas y sucesos de épocas pasadas. Quien tuviera curiosidad por hacerse una idea concreta de la división histórica que usan los moradores de Aru y de los acontecimientos que han marcado a sus pueblos, encontrará útil esta cronología.

*ERA DE LOS ORÍGENES
(duró 3000 años).

Año 2500: son creados los humanos.
Los seis dioses moldearon los Seis Continentes, y poco más tarde crearon a los seis Primogénitos, una pareja por cada dios: titanes, dragones, demonios, oscuros, elfos y enanos. Cada uno de estos pueblos nació en un continente de los seis, menos los espíritus que se formaron desde la muerte del primer Primogénito, el elfo Alosin, y cuyo misterioso origen recibe diversas explicaciones.
-1ª Gran Guerra: de los Dioses-
*ERA 2ª: DE LOS ELFOS
(duró 2000 años).
Los elfos apenas participaron en la 1ª Gran Guerra porque eran el más frágil de los pueblos Primogénitos. Aún así se vieron menguados. Pronto ven en los humanos un aliado potencial, pues estos aunque débiles e ignorantes, se han convertido en 500 años en la raza más numerosa del mundo. “Viven como conejos y procrean como conejos” se decía de los humanos entonces. “Aliados, pero nunca hermanos” decían también los elfos.
Año 800.
Llegan desde Tálaghor, en la zona más oriental de lo Seis Continentes, los primeros hombres civilizados a Aru. Allí los elfos se mantenían puros y los humanos vivían aún en la barbarie, al contrario que en Tálaghor donde habían prosperado y aprendido de los elfos.  
Año 875.
Se conocen Urol, señor de los de Tálaghor, y la elfa Namaria cuando su barco naufraga. Se enamoran.
Año 900.

Fundación los Reinos Hermanos de Narien y Narcrish.
Casamiento de Urol y Namaria. Se fundan en Aru los Reinos Hermanos de Alnarien y Narfaroth; Alnarien (“Narien” para los humanos, que nunca pronuncian el “Al”, un prefijo común entre los Primogénitos) es dirigido por los elfos, y Narfaroth, gobernado por humanos. Poco después nacen sus retoños, Alnaemos y Nurai, cada uno de los hermanos estará destinado a gobernar uno de los dos reinos.
Año 900-1900.

Apogeo de los Reinos Hermanos.
Animados por el ejemplo de Urol y Namaria, humanos y elfos comienzan poco a poco a mezclarse, de manera que con el paso de los años van quedando en Narien y Narcrish pocos humanos o elfos de sangre pura. Algunos de los elfos, los más puristas, abandonan Narien por ello y parten a luchar en las Batallas de los Primogénitos. La civilización de Narien y Narcrish llega a su cúspide, hasta el final de la Era, en los Reinos Hermanos: arte, letras y ciencias alcanzan su apogeo.
Año 1900-2000

La Perdición de Narien y Narcrish.
-2ª Gran Guerra: de los Primogénitos-
El Exilio de los Primogénitos
Caída de los elfos que se extinguen rápidamente como raza. Humanos de Narcrish y elfos de Narien se habían vuelto igual de soberbios, y sus más hermosas ciudades cayeron víctimas de Goost y Eiatán, dioses de la Oscuridad y de los Mares. El resto de los dioses no hicieron nada, cogidos por sorpresa y aburridos de las razas mortales, a partes iguales. Mientras los humanos apenas se resintieron de la Gran Guerra, los elfos perdieron más de la mitad de sus escasos exponentes.
Todos los Primogénitos reciben la orden de los dioses de abandonar los Seis Continentes, porque se ha visto que son demasiado belicosos y pueden llegar a destruir el mundo.
*ERA DE LOS HUMANOS
-3ª ÉPOCA, también llamada DEL DECLIVE-
(duró 1003 años).
Paso atrás en las civilizaciones, su cultura, su tecnología y su magia sufren un gran retroceso, pues gran parte de la civilización anterior es destruida en la Guerra de los Primogénitos, y casi todos sus secretos parten con ellos más allá del Océano Desconocido.
Los Primogénitos pasan a la historia, y más tarde se elevan a las leyendas.
Año 800 La primera Peste Negra .
Gran mortandad y dificultades para los moradores de Aru. Batallas aisladas entre los señores feudales.
–La 3ª Gran Guerra- (año 993).
Año 993-996.
Anamos es el último rey de los nárfaros. Sural conquista medio Aru para su padre el rey, mientras éste sufre disentería. Su principal aliado es el conde Tarin de Piedra Pálida, condado que limita al sur con Narfaroth (en la actualidad) y que en aquel entonces pertenecía a los Reinos Hermanos.
Año 996 La segunda Peste Negra.
Coincide esta nueva oleada de la enfermedad con el desembarco del Siervo de Goost en Aru, en el este. Las primeras en caer son las Ciudades del Cuerno, Eldagar y Tarcrish, así como los territorios del nordeste, cerca del río Telian.
Año 1000
Sural es derrotado por el Siervo de Goost en combate singular.

El reino de Narfaroth pasa a ser ducado, y sus dominios feudos del Imperio de la Oscuridad, marcas o condados.
El reino de Narfaroth cae, aunque algunos feudos resisten todavía, como Talmir, Adisinia o Küntelin, tardarán poco en ser sometidos. El Siervo de Goost es nombrado Emperador de Aru y deja a sus tres duques al mando político: el duque Ariostes de Noche Oscura, el duque Corolas de Eldagar y el duque Sural de Narfaroth, por ese orden de preferencia. Sin embargo este último queda gravemente herido tras su confrontación con el Siervo, y su pariente la dama Cernisa asume el señorío de Narfaroth hasta que Sural se recupera. Cada duque de Aru es obligado a formar un Consejo, con el acólito más cercano por línea de sangre, el máximo general de sus ejércitos y un hombre de confianza de su elección.
Año 1003: todo Aru ha sido sometido por las hordas del Siervo de Goost.
-Fin de la 3ª Gran Guerra-.
El emperador de Aru cruza de nuevo los mares para regresar a su tierra de Odror, desde donde maneja los hilos con sus Heraldos Negros y se comunica con los acólitos.
*CUARTA ERA: DE OSCURIDAD (actual)

7 nov. 2011

Relatos de la Tercera Gran Guerra (II)

Cinco días para la presentación del "Yelmo del caballero" en el fantástico seno de la Imagicon... Y como avance, un relato-preludio que se publicó ayer en Espada y Brujería. En "Mírame a los ojos" conoceremos a Dan Dardiak Wyvar unos dieciocho años antes de la acción de la novela. Y éste conocerá a alguien que será muy importante para él en el Yelmo.
Mírame a los ojos

17 oct. 2011

Book trailer y noticias "El yelmo del caballero".

Ya está disponible en youtube el book trailer. Con la participación de ilustradores de gran nivel como Carlos Palma "Wolf", Marisa López "Sarima" y David Puertas. La canción que le da ritmo es "Y en la ignorancia", del genial grupo valenciano "Morgana vs. Morgana", disco Nébula. La novela "El yelmo del caballero", que este tráiler precede, saldrá a la venta en librerías el 7 de noviembre de 2011, editada por Grupo Ajec. Próximamente en la página de esta editorial aparecerá el Avance de la novela, con sus primeras páginas para que los interesados podáis empezar a leer. 

Además también irán apareciendo allí las fechas de presentaciones del libro, cuya primera confirmada será el 12 de noviembre dentro del marco de la Imagicón (XXIX Hispacón). También tengo guardado algún material de los Relatos de la Tercera Gran Guerra, previos a la acción de la novela, que iré publicando en Internet en las próximas semanas, atentos a este blog y a la web de Grupo Ajec.

Aquí el book trailer:  http://www.youtube.com/watch?v=03G3BYsEGgA

Gracias a todos los que, como a mí, os apasiona el género fantástico. Es mi mayor deseo que sigáis disfrutando de él.

1 sept. 2011

A la venta en librerías el 7 de noviembre

























Se acerca la publicación de mi primera novela: El yelmo del caballero

SINOPSIS

La espada de un rey. La corona de un soberano. El destino de un simple mortal.

Una humanidad que trata de rebelarse bajo la bota de hierro de la oscuridad.

Los Seis Continentes se vieron sacudidos durante la Tercera Gran Guerra que se disputó en Aru. Una tierra maravillosa habitada por diferentes pueblos humanos que susurran a la luz del fuego sus leyendas de elfos y dragones, titanes y espíritus.
Algunos fueron los perdedores de la guerra: Dardiak el asesino y la dama Auriel de Piedra Pálida; Eleara, bibliotecaria de las Cuatro Puertas, o el duque Sural, que fue llamado el Conquistador hace veinte años... Otros son los hijos de la guerra: la niña Wen, alejada de sus padres y de la esclavitud en un mundo que le viene demasiado grande; el joven Nalkar, que carga a sus espaldas con un misterioso origen; Ragar, un soldado común al que le espera una aventura que nunca había soñado... Tres mujeres y tres hombres protagonizan esta historia de duelos épicos, lazos familiares y traición.

Los seis se verán convertidos en las piezas de un juego de dioses, cuyas claves se nos irán desvelando poco a poco. Un solo acontecimiento puede volver al león en cervatillo, una ofensa puede convertir al que huye en el atacante más feroz.

En El yelmo del caballero encontrarás una respuesta para las preguntas decisivas de los moradores de Aru, paraíso hostil de heroicas leyendas.

14 may. 2011

Relatos de la Tercera Gran Guerra I

La Tercera Gran Guerra fue una de los tres sucesos bélicos que marcaron un cambio de época en el continente de Aru. La Tercera Época terminó con la muerte del rey Anamos y la ascensión al poder de su hijo Sural de Fuego, llamado despectivamente ‹‹el reyecito›› en los feudos anexionados durante aquel periodo, apelativo debido tanto a su juventud, como a sus ansias por conquistar las Tierras Meridionales y unirlas a las Tierras Altas que le pertenecían por derecho. Quería crear un gran reino que hiciera frente a la oscuridad que, según su tía Cernisa había predicho, llegaría pronto de allende los mares para sumir a todo Aru en la esclavitud. Lo que su padre Anamos quiso conseguir mediante la diplomacia y el diálogo, Sural lo buscó mediante el acero y a cualquier precio. Los acontecimientos aquí narrados son veinte años anteriores a los de la novela El yelmo del caballero.

“El último barril”


El tercer año de la guerra está llegando a su fin. Tras varias victorias, la alianza formada por el rey Sural de Narfaroth, el conde Tarin de Piedra Pálida y el resto de sus vasallos, ha empujado al conde Ariostes de Noche Oscura a huir de Aru cruzando los mares. Demasiado pronto, pues tan solo han pasado unos meses, corren rumores de que el mismísimo Siervo de Goost ha desembarcado en la ciudad portuaria de Eldagar. Ragnós es uno de los lugares que más ha sufrido durante los tres años que van de guerra, viendo arrasados sus campos y su ganado.

Era una noche inclemente en la ciudad de Ragnós. Una de esas noches en que el viento no para de soplar en todas direcciones por las callejuelas, agitando una llovizna miserable, fría, despiadada. Las campanadas de la torre señalaron la medianoche con doce gongs indiferentes, mientras una figura embozada en una capa barata salía de la iglesia. La figura echó a caminar encorvada, luchando contra las ráfagas del vendaval, hacia la única luz que permanecía encendida al final de la calle. Finy, el frutero, resbaló sobre un adoquín de la calle y se agarró a un poste, a punto estuvo de caer. Usando de toda su fuerza consiguió incorporarse de nuevo. Y siguió avanzando, trabajosamente, paso a paso luchando contra la distancia que lo separaba de aquel candil azotado por el viento como su propio cuerpo, como su miserable alma tambaleante, necesitada de la esperanza de aquella luz, del consuelo de un lugar donde escapar de su vida.

   En cuanto alcanzó la puerta sintió que las inclemencias del tiempo se apaciguaban bajo la techumbre de madera. Llamó, tres golpes secos sobre la puerta. Pronto se abrió entre los maderos una rendija que derramó una luz amarillenta a la oscuridad del exterior lloviznoso, aullador.

    ─¿Quién va?

    Finy reconoció la voz vasta del gordo Sam, el tabernero.

    ─Soy yo, diablos, el frutero.

    ─¿Finy?

    ─Sí, aunque como no abras pronto,      vas a tener que darle tú a mi mujer la noticia de que se ha quedado viuda… ─rezongó Finy, sujetándose a un pilar para soportar una nueva embestida del viento─. Porque he estado a punto de abrirme la cabeza hace un momento, por culpa de este tiempo de perros.

    La rendija se nubló de nuevo dejando al frutero en la oscuridad, pero enseguida pudo oír el sonido de los cerrojos al deslizarse, y un segundo después la puerta se abrió para que Finy entrase al interior. La atmósfera cambió de inmediato, allí no entraban ni el viento ni la lluvia, y el calor de la chimenea reinaba junto a las titilantes llamas de los candiles en el espacioso hogar. Finy se quitó la capucha y respiró hondo, intentando sacudirse de encima el mal cuerpo que traía. Pero fracasó. Sabía que para eso todavía le harían falta muchas cervezas.

    ─¡Anda Finy, échame una mano y te descuento una moneda de lo que me debes! ¡Asco de…

   Se volvió hacia el gordo Sam y lo ayudó a cerrar la puerta. El tabernero echó los dos cerrojos rápidamente.

    ─…aire! ¡Gracias, amigo! ¿Qué hay de nuevo?

    ─Poca cosa, Sam. Ponme una cerveza, anda.

    ─Voy.

    Los dos caminaron hacia la barra de madera clara de abedul, que dominaba aquel lado del espacio rectangular de la taberna. Tomaron posiciones, el tabernero en el interior, el cliente en el exterior. Momentos más tarde Finy se llevaba a sus labios una jarra de cerveza sin apenas espuma, mientras que Sam se dedicaba a enjuagar algunas jarras usadas y ponerlas a secar boca abajo. Sintiendo que empezaba a entrar en calor, Finy se despojó de su capa calada y la tiró sin cuidado en un taburete cercano. En la taberna solo había un grupo de tres soldados alrededor de una mesa, además del propio Finy y el tabernero. Finy se sumió en sus propios pensamientos durante un tiempo, mientras bebía lentamente la cerveza. Sorbo a sorbo el líquido fue bajando, pero los pensamientos no se volvían más halagüeños, y tampoco se le olvidaron sus problemas ni se le pasó el mal cuerpo. Para eso harían falta más cervezas, muchas más. Era una noche para lamentarse de haber nacido. No sabría decir si habían transcurrido unos minutos o una hora, cuando los soldados se acercaron para pagar. Finy le dio vueltas en el interior del bolsillo de su jubón a algo, sin prestare mayor atención.

    ─Nos toca hacer la guardia, Sam. Guárdanos nuestra mesa para cenar el viernes.

    ─Bueno, eso dependerá de si de aquí a entonces se le ocurre aparecer a los de negro o a los de rojo… Pero si yo sigo aquí tendréis vuestra mesa, cabo. Aunque todo lo que tendré para comer será sopa aguada y un poco de pescado. No os preocupéis.

    ─Todos esperamos que sean los del rey Sural quienes vuelvan victoriosos. Ya lo hizo una vez, tengamos fe, Sam.

    ─La fe es lo último que se pierde, mi cabo, pero de fe no se come. Ni se bebe. Mi madre decía que la fe es para cuando uno está más cerca de la muerte que de la vida, el resto del tiempo lo que nos sirven son los hechos.

    ─Bueno… Que Selón os guarde.

    ─Que nos guarde a todos, cabo.

    Los soldados desaparecieron por la puerta. Finy acompañó a Sam y lo ayudó a cerrar de nuevo.

     El tabernero se quedó mirando hacia Finy, frunciendo el tupido ceño.
    ─¿Qué? ─preguntó Finy, incómodo.
   ─Que no te pienso descontar otra moneda… No al menos hasta que cambies esa cara y me cuentes qué diablos te pasa.

    Ambos caminaron de nuevo, silenciosos, hasta retomar sus posiciones a uno y otro lado de la barra.

    ─No me descuentes nada y ponme otra cerveza, haz el favor. Con lo que gané hoy, solo me llega para pagarte la primera.

     El gordo tabernero cogió diestramente la jarra vacía y la rellenó del barril, para dejarla en un santiamén delante de Finy otra vez. Después se sentó en el interior de la barra, no sin antes dedicarle una mirada de reojo al frutero. Se conocían de toda la vida. Habían pasado por momentos buenos, malos y peores. Pero nunca había visto así a su amigo. Esperó respetuosamente a que Finy se decidiera hablar, pues con el paso de los años había aprendido que cuando estaba así, era mejor esperar.
   ─¿Crees que alguno de los dos ganará esta vez, Sam? Quiero decir de verdad, definitivamente. Me da igual que sea el reyecito Sural, o que sea el maldito Siervo de Goost. Pero el pueblo necesita estabilidad, yo no aguanto más…

   ─No sé, Finy ─Sam dejó escapar un suspiro entre sus gruesos belfos. A continuación se atusó su poblada barba castaña, pensativo─. Creo que los dioses nos han abandonado, que se cansaron de la raza humana hace años. Primero llegó la peste, asolando estas tierras. La peste se carga al rey Anamos, y el reyecito Sural decide que tiene que haber guerra para que Aru sea un lugar seguro, porque el Siervo de Goost va a venir de más allá de los mares y no sé qué predicciones de su tía. Y cuando parece que va a haber paz, resulta que de verdad viene el Siervo y otra vez la guerra. El reyecito del norte se tendría que haber buscado otro momento para ampliar su reino, eso creo. Porque si la peste y una guerra son malas, la peste y dos guerras son mucho peores. Ragnós nunca ha sido una ciudad rica, pero ahora parece una ciudad fantasma. Si la cosa sigue así, no te voy a poder seguir invitando a cerveza, Finy.

    ─¡Cuando tuve monedas nunca tuviste que invitarme! ─le reprochó el frutero, que siempre fue delgado pero ahora estaba esquelético─. Y si no podías, tan solo con decírmelo basta. Total, para ahogarme la pena que arrastro no creo que me alcance ni con un barril entero de ese meado de cabra que sirves. Toma.

   Finy sacó de su bolsillo el objeto con el que había estado jugando distraídamente: una moneda de cobre. Sam le mostró las palmas de sus manos, rehusando.

      ─¿Sabes por qué sigo invitándote a cerveza, Finy?

      ─¿Por qué lo haces?

     ─¿Y por qué no? ¡Al diablo! La guerra está matando a todo y a todos. ¡Al jodido diablo! Mira. Me quedan dos barriles de cerveza, cuando solo me quede uno cerraré. Total, invito a más gente de la que me paga. La gente necesita calmar sus penas, sobre todo la gente que no tiene una moneda. No nos merecemos esto. Además, ¿de qué sirven las monedas cuando no hay nada que comprar?

     ─Eso mismo me pregunto yo… Intenté comprar algo de grano para que mi mujer y mi hija pudieran comer hoy, pero con la moneda que me quedaba no he podido comprar nada. El avaro de Lucien pedía cinco monedas por medio kilo. Y lo peor es que se lo han quitado de las manos... Los del Siervo quemaron los campos en su última incursión y no tengo nada que vender desde hace un mes. ¿Qué hago, Sam, qué puedo hacer?

      ─No sé, Finy. Tú tienes tu familia, tu mujer y tu hija. No sé qué puedes hacer tú, pero te digo lo que pienso hacer yo… Y tú decides.

      ─Soy todo oídos ─respondió Finy, expectante.

    El frutero ya empezaba a sentir el espíritu más liviano por el efecto del alcohol, y miró al tabernero con un brillo parecido a la esperanza en sus ojos negros, sombreados por cárdenas ojeras.

   ─Pues bien, dije que cuando se termine el penúltimo barril cerraré, ¿bien? ─Finy asintió─. Bien. Tengo una mula vieja que es la única que me dejaron los soldados oscuros cuando saquearon Ragnós, así que cargaré en ella el barril que me queda y mis cosas. Luego voy a hablar con el cabo y me alisto en el ejército. Me han dicho que el sábado se espera la llegada de nuevos refuerzos para ir a la guerra. Se están formado levas en todas las poblaciones de por aquí. Esta vez ha venido el Siervo de Goost en persona, dicen que es un semidiós o no sé qué paparruchas. El reyecito Sural un semidiós no será, pero yo lo vi hace unos años y ya me sacaba tres cabezas, un tío grande de cojones. Cuando se enfrenten estos dos quiero verlo, total, aquí ya no me queda nada de nada. ¿Y sabes qué?

    ─¿Qué? ─Finy dio un nuevo trago a la cerveza, apesadumbrado ante el gris panorama que se le presentaba: su último amigo allí, y se le iba a la guerra.

   ─Que gane quien gane en la batalla final, una vez terminada pienso subirme encima de mi último barril de cerveza, para estar a la altura de tan altos señores, sabes, y voy a aplaudir. Voy a aplaudir hasta que me canse, y a reírme bien alto. Porque esto ya no hay quien lo aguante.

     ─Qué suerte tienes tú, que puedes irte sin más. Ojalá pudiera acompañarte.

    ─Bueno, suerte o no, tú tienes el cuerpo caliente de tu mujer todas las noches en la cama, y tu niña, que te da la esperanza de un futuro mejor. Si yo no vuelvo nadie me echará de menos, excepto tú y dos o tres parroquianos más a los que también llevo invitando unos meses. Nadie más.

     ─En fin, ¿mañana estarás aquí todavía, entonces?

     ─Aquí estaré, Finy.

     ─Hasta mañana entonces, Sam.

   ─Hasta mañana, amigo. Ayúdame a cerrar la puerta desde fuera cuando salgas ─pidió el orondo tabernero, mientras lo acompañaba a la salida.

     
    Una vez en el exterior, los pensamientos y las dudas se agolparon en la cabeza de Finy, quien caminaba de nuevo encorvado contra el vendaval en medio de una noche sin estrellas, una noche para que solo salieran a pasear las ánimas en pena. Como seguía el itinerario contrario, ahora a veces lo favorecía el viento, pero resultaba aun más incómodo porque en varias ocasiones lo cogió al descuido y de golpe. Así estuvo a punto de dar con sus huesos en tierra una y dos veces, hasta que a la tercera, al girar el último recodo antes de su casa, no hizo pie entre las baldosas de piedra y cayó de hinojos. Se quedó allí parado unos minutos, bajo el agua que le azotaba la cara y el viento que le quitó la capucha. Miró al cielo de azogue, sintiendo como una lágrima de impotencia se mezclaba con los regueros de lluvia ‹‹Tal vez debería unirme yo también a la milicia. ¿Mi mujer lo entendería? Seguro que no, y mi hija, menos… Pero por todos los dioses, si nunca he manejado una espada cómo… A esa mula vieja no le deben quedar muchas fuerzas, seguro que estira la pata a la primera jornada de viaje… Siempre puedo llevarle el barril a Sam. Porque, a fin de cuentas, ¿qué esperanza nos queda aquí?››.


26 mar. 2011

El trono de un genio impulsivo

Me temo que últimamente no le estoy dando todo el color que se merece a mi bitácora, es por eso que me he decidido a reciclar uno de mis artículos publicados en la revista Imaginarios. La elección no ha sido fortuita, ya que hace relativamente poco que se difundió por Internet un adelanto del tráiler del re-make de Conan el Bárbaro... Un tráiler que nos hace cosechar (ahora que viene la Primavera) malos presagios para la Era Hiboria. Por eso me pareció una buena idea sacar a colación este pequeño homenaje que quise rendir en su momento al gran Robert E. Howard. Porque siempre se puede aprender más de una vez de los grandes maestros.


1.     1. Howard, el escritor maldito de la oscura Texas.

Robert E. Howard, nacido en Peaster, un pequeño pueblo de Texas (1906), llamado cariñosamente por su colega H.P. Lovecraft Bob Two-Guns “Bob Dos Pistolas”, podría ser considerado, hoy en día, uno de los escritores malditos del género pulp. Aunque gozó de una buena aceptación durante su corta carrera literaria, llegando a ganarse la vida mediante su ágil pluma en las revistas de la época, como la conocida Weird Tales, de culto para los estudiosos del género, o la más histórica Oriental Stories, nunca llegó sin embargo a saborear las mieles de su personaje fetiche, Conan el cimmerio, que con el pasar de los lustros se convirtió en uno de los héroes (o anti-héroes, como veremos más adelante) más populares y rentables del género fantástico.
Influenciado desde su infancia por las continuas mudanzas de su familia, que cambió varias veces de domicilio en Texas viviendo en el sur, este y oeste (además de en Oklahoma) para establecerse finalmente en Cross Plains, en el centro del estado tejano, Howard mostró siempre viva su predilección por los personajes y las historias de carretera. De hecho dos de sus escritores favoritos, Jack London y Jim Tully, fueron, como sus personajes, vagabundos. Auténticos truhanes, seres solitarios de bronca fácil, aficionados a la botella y a las mujeres de una sola noche. Otras dos de sus lecturas predilectas también tenían autores “de mundo”: Mark Twain y E. A. Poe. Son muchas las biografías de estudiosos y aficionados al género sobre el autor, sin embargo prácticamente todas coinciden en lo mismo: su afición temprana al deporte, en especial el pugilístico, su buen talento como poeta, su sentido pragmático que desemboca en un estilo directo, y su pasión por la literatura, tanto de aventuras como histórica, si bien la segunda interesaba a Howard, fundamentalmente, por el componente de la primera que en ella suele hallarse. Es decir: el escritor buscaba la aventura, en su esencia más bárbara y cruda, dentro de la misma historia, para más tarde adaptarla en la creación de lo que sería su Era Hiboria. Lo cual nos lleva directamente al siguiente apartado, cosa que no quisiera hacer sin mencionar, al menos, los otros dos componentes de su biografía que más condicionaron su carrera: su madre, H. Jane E. Howard, que le alentó desde pequeño en su pasión lectora y le procuró el acceso, como teósofa que era, a los libros del Kangyur y el Tangyur (el canon religioso tibetano) entre otros, lo que le serviría a la postre para moldear las pasiones religiosas y el oscurantismo de su mundo; y su temprano suicidio, de un tiro en la cabeza, cuando el cáncer hace caer en coma a su madre, contando tan solo treinta años de edad y cerca de doscientas cincuenta historias escritas de diversos géneros, muchas de ellas, bajo su pseudónimo Sam Walser Bob Two-Guns.
2.      
     2. Vestigios de una historia perdida: el mundo de Conan.
Era una tierra sombría que parecía albergar
todos los vientos, las nubes y los sueños que rehuyen la luz del sol...
 Del poema “Cimmeria”, R. E. Howard.

La Era Hiboria,  donde toman cuerpo las aventuras de Conan no es, como coinciden los estudiosos del cimmerio, un mundo fantástico en sí mismo, sino una época ficticia del mundo en que vivimos, situada entre el hundimiento de la mítica Atlántida y los cataclismos que dieron lugar a los continentes que hoy conforman la Tierra, y que según el filósofo Platón, debieron tener lugar hace unos 11.500 años. Uno de estos estudiosos, Rusty Burke, cita a G. K. Chesterton y su poema épico La balada del caballero blanco como fuente probable de inspiración para la idea que se materializó en la Era Hiboria. Dice Chesterton: ‹‹El valor fundamental de la leyenda es que mezcla los siglos al mismo tiempo que preserva el sentimiento, que permite contemplar todas las épocas en una especie de espléndido escorzo››. Así, sin irnos más lejos ni atravesar nuestras fronteras, recorreremos durante las aventuras itinerantes de Conan el Reino de Zamora, nido de ladrones y hechiceros, escenario de “La Torre del Elefante”, uno de los relatos magistrales de Howard. Otras denominaciones topográficas las disfraza, en mayor o menor medida, como Vendhya (la India) o Afghulistán (Afganistán). Como mencioné en este artículo con anterioridad, Howard mezcla los personajes, lugares y cultos históricos que le suscitan interés en su Era Hiboria, vistos a través de los ojos de Conan, un protagonista salvaje, pero íntegro. Los criterios que centran la atención de Howard son: la acción, el dramatismo y, lejos de los tópicos enfrentamientos del bien contra el mal que marcan la literatura de género desde la epopeya hasta El Señor de los Anillos, la lucha por la supervivencia de una manera digna.

3.     3. “Por Crom”, anatomía de un héroe gris.

Con una de las típicas interjecciones del bárbaro he querido introducir este acercamiento a un personaje memorable. Y es que el dios de Conan, Crom, contempla desde su montaña eterna a los humanos y se ríe de sus desgracias. Él da a los cimmerios la fuerza y la destreza necesarias para conseguir una buena vida, y por eso no les otorga más ayuda, porque detesta a los débiles.
Conan, al contrario de lo que podría parecer a aquellos que, como yo hasta hace pocos años, solo conocen al bárbaro por las dos películas, es un personaje redondo (o denso). Es decir, evoluciona. Y ello a pesar de que, como en las películas, en la literatura tampoco es que hable mucho, ni tiene un carácter especialmente inclinado a la reflexión. Al menos en la mayoría de los relatos. Así, si leemos la primera historia, por orden cronológico, que escribió Howard del cimmerio (“El fénix en la espada”), veremos a un Conan ya convertido en rey de Aquilonia, y, curiosamente, nos sumergiremos en las hondas cavilaciones del bárbaro, a quien siempre vimos como un saco de músculos, de gran espada y cerebro más bien pequeño. Es memorable su monólogo en presencia de su amigo Próspero, cuando este se dispone a partir hacia Nemedia y Conan envidia su suerte, prisionero de los asuntos de estado que le mantienen atado al trono: ‹‹Cuando el rey Numedides yacía muerto a mis pies y arranqué la corona de su ensangrentada cabeza para ponerla sobre la mía, sentí que había logrado todos mis sueños. Me había preparado para conseguir la corona, no para mantenerla. En aquellos días lejanos lo único que quería era una espada afilada y un camino directo hacia mis enemigos. Ahora, ningún camino es recto y mi espada es inútil››.
Efectivamente, y como comprobaréis quienes os acerquéis a los relatos de este bárbaro con taparrabos y ojos azules indómitos, Conan evoluciona durante sus aventuras, en las que será ladrón, mercenario, pirata... y rey. Aun cuando tiene que matar, ninguna vez lo hace a traición, permaneciendo apegado a su estricto código del honor que recuerda al de los mismos caballeros andantes y asombra, por su disparidad con su imagen fiera, a no pocas damiselas, víctimas de hombres y culturas que, por su riqueza e indumentarias, se dicen más “civilizadas” que Conan y su Cimmeria natal. Un gran ejemplo de ello lo tenemos en “Sombras de hierro a la luz de la luna” y el diálogo que mantiene con Olivia. Y aunque Conan es hosco, parco en palabras, tozudo, y más inclinado al sexo que al amor, llega a conocer también este último. Valeria y Bêlit, mujeres guerreras y piratas de los pies a la cabeza, cautivarán durante años al cimmerio.
4.     
          4. “¿Quieres vivir para siempre?”: las mujeres de Conan. Las películas y su BSO.

Con esta frase mítica evoca Conan en diversas situaciones a su Valeria, la mujer guerrera de cabellos claros que le robó el corazón. Y es que esta frase resume el alma aventurera de Valeria, que la une con el cimmerio, y forma a la vez parte del hilo argumental, tan escaso como memorable para los aficionados al género, de las dos películas que llevaron al personaje de Howard al celuloide. Dos películas que se han convertido en obras de culto. La primera de ellas, Conan the Barbarian (“Conan el bárbaro”) (1982), fue dirigida por John Milius, y coguionizada por Oliver Stone, con el desconocido por aquel entonces y archifamoso hoy día A. Schwarzenegger encarnando al cimmerio, y un elenco de actores más bien discretito que incluía a Sandahl Bergman como la amada Valeria, James Earl Jones como el sacerdote viperino Thulsa Doom, Max von Sydow fue el rey Osric, Gerry López en la piel de Subotai, compañero ladrón de Conan y Valeria, y Mako, quien dio vida al hechicero Akiro, narrador de la historia. Rodada íntegramente en España, los bosques nevados del principio son segovianos, mientras el resto se sitúa en Almería. Destaca también, en este aspecto, Jorge Sanz como el Conan niño que da vueltas a la rueda hasta hincharse los músculos como un jabato. Gran acierto argumental con el Secreto del Acero (que en el Conan howardiano no tiene ninguna relevancia). Dos años después, en 1984,  vería la luz Conan the Destroyer (“Conan el destructor” en estas tierras), en una clara maniobra de su productora De Laurentis para continuar cosechando dólares, aprovechando el inesperado tirón taquillero de su predecesora. Sin embargo, la secuela abusa en exceso de una simplicidad que en el primer film se hacía encantadora gracias a la fotografía, y aunque el tiempo la ha situado también dentro el Olimpo de las pelis de aventuras, siempre estará, a mi parecer y el de muchos, un peldaño o dos por debajo de Conan el Bárbaro. Se acusa el cambio de la dirección, en manos de Richard Fleischer, así como el de los guionistas (Roy Thomas y Gerry Conway); de hecho, los diálogos de su predecesora eran gloriosos, aunque contados con los dedos, cosa que no sucede en ésta.
Para el final del recorrido por la Era Hiboria me he dejado uno de los vástagos pródigos, otro de los fenómenos irrepetibles nacidos de la inspiración en el mundo de Howard: la BSO que Basil Poledouris compuso íntegramente (excepto “The Orgy”, escrito con la colaboración de Zoe Poledouris, su hermana mayor) para los filmes. Es considerada por la mayoría como una de las mejores de todos los tiempos, y a mí, personalmente, me ha acompañado en muchas partidas de rol... épica, melodiosa, solemne, estoica, enorme, delicada... cualquier epíteto se queda pequeño ante los vientos metales, los coros y la maestría, en fin, de esta banda sonora que ayudó, sin duda, a hacer de ambas películas los clásicos del cine de aventuras que hoy son.
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          5. Llamaradas y cenizas de la Era Hiboria: cinco aventuras imprescindibles del cimmerio.

A continuación enumero los cinco relatos que más me han deleitado, personalmente, de Howard, aprovechando para señalar que el acercamiento a estas historias es absolutamente imprescindible para cualquier aficionado al género que todavía no lo haya hecho. Las aventuras de Conan muchas veces repetían tópicos atendiendo al pragmatismo de un escritor que tenía que comer de ello, y estos lugares comunes, después replicados hasta el infinito por otros escritores de espada y brujería, son para mí las cenizas de Hiboria. Cenizas que no menguan en un ápice las poderosas llamaradas de sus principales narraciones. Solo me resta advertir una vez más al lector que se trata de una selección totalmente subjetiva que he elaborado en base tanto a elementos estilísticos como a novedades argumentales, movido por el sentimiento poético a veces, o por el ritmo en el desarrollo de la acción cuando resultó de mi gusto.
         Feliz lectura.
-“La Torre del Elefante”.-“La Reina de la Costa Negra”. -“Sombras de hierro a la luz de la Luna”. -“La Hija del Gigante Helado”.-“Clavos rojos”.