3 jun. 2013

DEL MACROESPACIO AL MACROUNIVERSO: LA IMPORTANCIA DEL MARCO NARRATIVO

         De la fantasía al realismo mágico, pasando por el lejano espacio.

Hace ya dos años que debuté en el género narrativo, viendo cumplidas mis aspiraciones con creces al publicar El yelmo del caballero con la editorial Grupo Ajec, que por aquellos tiempos era si no la única que había, sí la única editorial de género de un tamaño, digamos, mediano (distribución nacional y una tirada considerable, en torno a los 1000 ejemplares) que había en España y publicaba óperas primas.


El yelmo del caballero es una novela de fantasía épica, una novela río que nos mete en la piel de varios personajes de edades diferentes en un ambiente de opresión, un mundo dominado por el Siervo de Goost y su culto a los dioses oscuros, donde los que sobrevivieron están marcados con un estigma de cobardía.  
Pero lo que me interesa ahora mismo es justo ese mundo, los Seis Continentes, y no tanto el eje de esa novela.
           A través de las páginas del libro conocemos la historia de ese mundo, en especial del continente de Aru, en donde se desarrolla la historia. Tomando como ejemplo y paradigma el mundo bien construido de Tolkien, la Tierra Media, del que Aru es deudor, tal vez, en mayor medida que de otros. Seguramente si El Señor de los Anillos hubiese terminado con la victoria de Sauron, la Tierra Media habría terminado pareciéndose peligrosamente a los Seis Continentes. Pero no fue así.
La prehistoria de Aru, la gran guerra que se perdió contra el mal, marca el devenir de los personajes de la novela, creando objetivos en su presente que están arraigados en el pasado, y manteniendo al lector sumergido en una acción con pocas treguas. Hay un lugar también para el amor y el libertinaje, la maravilla y el horror, la épica y el existencialismo, la tragedia familiar y la búsqueda del propio yo de cada personaje.


           Ahora tomemos ese ambiente, ese mundo de magia velada y aventuras, con un pequeño componente de intriga y conspiraciones; quitemos la tragedia y añadamos la ironía, cambiemos espadas por pistolas láser, avancemos 40 siglos en la evolución tecnológica, le damos a todo una perspectiva diferente, añadiendo la historia de nuestro mundo real, un toque desenfadado, y nos metemos en la Butterfly.



Los dos primeros números de este folletín de Space Opera nos sumergen una historia donde, casualmente, el capitán James y otros fugitivos de la justicia van a parar al planeta Sexto, donde la historia se encuentra en una época medieval y además, hay magia. ¿CASUALMENTE? No. Las cumbres nevadas adonde van a parar los protagonistas de Butterfly son el Tempest Agona, un lugar donde ya habían viajado con anterioridad los héroes de El yelmo del caballero. De esta manera, el mundo de fantasía de los Seis Continentes (el planeta Sexto), queda integrado también en el mundo de Space Opera de Butterfly. Ambos se complementan y se explican mutuamente, como seguiremos comprobando en las próximas entregas de Butterfly que serán publicadas en Kelonia.
De esta manera, hay una relación de Macroespacio a Microespacio entre el planeta Sexto y los Seis Continentes, o tal vez es más adecuado el término “Macrouniverso”. También puedo anunciar que éste Macrouniverso se verá expandido por futuras obras, si nada me lo impide, que se encuentran en construcción, entre ellas la segunda parte de El yelmo del caballero. La relación va desde el microuniverso de El yelmo del caballero, un mundo limitado por la cosmogonía medievalista, hasta el macrouniverso de Butterfly, ampliado por la cosmogonía futurista.


               Quizás os diréis que esto no es nuevo, la mezcla alquímica entre fantasía y ciencia ficción ya fue usada con éxito por algunos otros autores –no muchos-. De entre ellos, me quedo ahora con Javier Negrete y su Ciclo de Tramórea, así como Howard y sus múltiples relatos, de los cuales son los construidos en torno al cimerio, los de Conan, los más conocidos. Esta visión, un tanto cíclica (de “la historia se repite”), había sido explorada ya, cierto. Sin embargo mi novedad, que yo sepa, se basa en que no se había tratado de esta manera, desde diferentes géneros y registros, mucho menos por un mismo autor. El cruce o crossover, empleando el término del cómic americano cuando dos hilos de diferentes historias se cruzan y se produce el encuentro de sus protagonistas en una situación común, se da en Butterfly 2 donde la fantasía se aúna con la Space Opera. También se verá en la continuación de El yelmo del caballero, pues esa parte ya está escrita, si bien aún no ha visto la luz.

Tormentas de verano, el realismo mágico.

Un caso distinto es el de Tormentas de verano, publicada este mismo año por Alupa Editorial. Esta novela bebe de fuentes diferentes a las de las dos anteriores, y como el escritor Santiago García Clairac afirma en su prólogo a la novela: “Tormentas de verano es muchas cosas, está hecha de muchos gé­neros, de géneros inquietantes. Novela juvenil romántica, negra, de misterio...”.




El punto de partida es Salamanca en el verano de 2012, cuando una escritora de 14 años, Julia Rodríguez, llega a la ciudad para comenzar el Curso de Jóvenes Artistas Españoles. Añadiré otros géneros a los que enumera Santiago: la ciencia ficción, la novela de tesis de Zola, y la novela culta para todos los públicos, debido a la mezcla entre referencias artísticas y a referencias propias de las culturas de ocio actuales,  como también dijo el profesor Héctor Monteagudo Ballesteros en su blog “Aguja de marear”. Y queda todavía un género más, uno que nos interesa especialmente: el realismo mágico con su origen en el boom latinoamericano de mediados del siglo XX, del que yo bebí directamente de mano de escritores como García Márquez y sus Cien años de soledad, Juan Rulfo con Pedro Páramo o Juan Carlos Onetti con La vida breve y todo su ciclo de Santa María, ciudad mítica creada por él a la que volvió una y otra vez.
Salamanca, en Tormentas de verano, se contagia de esa cualidad mítica de las ciudades del realismo mágico, que solo existen como tales en la imaginación del lector. Del surrealismo. Del lugar para la maravilla en un contexto que recuerda el real, pero que no lo es. Este macroespacio, que podría parecer radicalmente diferente del de Butterfly o El yelmo del caballero, guarda en realidad más coincidencias de las que afloran a simple vista.
Cuando el lector llega a Salamanca de la mano de Julia, entramos en un monasterio a estudiar y empezamos a contagiarnos con la literatura, la pintura, la música y el cine del siglo XX. El Modernismo de Rubén Darío, el expresionismo con raíz alemana de Fritz Lang y el surrealismo de Buñuel, la poesía de Lorca y José Hierro, o la música de Iron Maiden y Nickelback que conviven con clásicos como Jonh Coltrane y Bach; también sucede esto mismo con el cine: Nosferatu Metrópoli comparten protagonismo con un  inspector llamado Cash (cierta película de los 90’) y una médico forense llamada Tibias (similar al apodo de la protagonista forense de una serie actual). Se añaden también referencias a World of Warcraft, a la cultura steampunk o la gótica… Estos solo son algunos ejemplos, podría dar muchos más. Es fácil para el lector situarse en este marco, pues será conocedor de algunas o de casi todas las referencias que se irá encontrando y las disfrutará de nuevo a través de la mirada, a veces ingenua y a veces sorprendente, de Julia, Azu, Tati y la Buñuela.


A las cuatro protagonistas, de cuatro puntos diferentes de España, este viaje les cambiará la vida. Es más, pienso firmemente que a cualquier lector, si no le cambian la vida, sí que se la enriquecerá cuanto menos, con una visión diferente, más rica en detalles, del arte español en particular y del europeo, en general. De la crisis, de la vida y de la forma de enfrentarse a ambas sin perecer en el intento.
Para describir el macroespacio de Salamanca tomaré prestadas unas palabras de Héctor Monteagudo: “Los espacios narrativos están plagados de referencias geográficas reales, entre las que destaca la misma Salamanca, la Peña de Francia y Las Caballerizas que, junto con el tiempo cronológico, verano de 2012, le confieren una gran dosis de verosimilitud. La casa de la espiritualidad, en cambio, y a pesar de que también pueda estar inspirado en un lugar real, actúa como ficticio, al servir de puente, por ser un espacio común, entre la trama metaliteraria y policíaca, además de ser epicentro narrativo de la acción más climática, que se reparte entre el salón de actos y el campanario”. Digamos que el macroespacio de Salamanca abarca los microespacios de la Peña de Francia, las Caballerizas y la Casa de Espiritualidad. Todos son lugares reales, pero con toques ficticios que le dan esa característica mágica. Mención aparte merece la librería Vivas, de libros raros y de ocasión, que es un espacio totalmente ficticio. Una librería de tantas, con la magia del papel atrapada en unas líneas, como esa vieja librería en que daba comienzo La Historia Interminable, de Michael Ende.
Para terminar, solo me queda invitaros a que os acerquéis a mis obras y comencéis el viaje. Los adelantos pueden descargarse de manera gratuita en las webs de las respectivas editoriales, y en mi blog os haré partícipes de las novedades que vayan surgiendo a su alrededor, así como de contenidos gratuitos, muchos de ellos ya disponibles (una guía didáctica, un audiolibro, relatos, poemas, reseñas y comentarios…).
Este macrouniverso aún está en construcción, si te interesa conocer más, decenas de personajes te están esperando para que tu mirada, lector o lectora, les insufle el soplo de la vida. De esta vida que es realista, terrorífica y cruda, pero que también es mágica, fantástica y, casi siempre, de ciencia ficción.