24 jul. 2013

En 1840, Bill podría haberse enamorado

LECTURAS PARA VERANO

Hola a todos.
De nuevo estoy por aquí para dejaros mis recomendaciones de lo que voy leyendo, mientras el país se convulsiona por la corrupción y la rumorología nos sugiere que no vemos más que la punta del iceberg, el verano ya llegó, sin embargo, y es el mejor momento para que el lector pernicioso pueda llevarse unos libros en ristre, cual alegre adarga de caballero quijotesco, a la playa o a la montaña, o a su casa si le da la gana, sin que los vendedores de gas y seguros lo interrumpan constantemente aporreando el timbre.
Dejo de embadurnarme en retórica y retorno a mis andurriales. Quienes ya me conocéis sabéis bien de mi afición a la variedad de géneros, y así os traigo tres diferentes una vez más: un cómic victoriano, una novela breve de ciencia ficción, y otra juvenil, que clasificaré como de fantasía urbana / romántica.


1840, La Rosa Secreta

Cuando sostenemos por primera vez entre las manos esta obra a medio camino entre la novela gráfica y el cómic, la sensación no puede ser mejor: tapa dura, una portada que nos muestra a cuatro personajes envueltos en misterio entre sombras y unos colores sobrios, más allá de un cristal quebrado... 





  No es fácil que nuestra mirada se fije en el libro que uno de los personajes sostiene, en un reflejo metaliterario de nuestro acto, aunque sí que es probable que un lector avispado repare en su mirada de desconfianza. Y si lo subrayo, por algo será. En cuanto abrimos la portada seguimos encontrándonos con una edición cuidada y detallista, llevada a cabo por Editores De Tebeos, cuyas siguientes publicaciones seguiré de cerca si rondan la calidad de la que nos ocupa. Y seguimos pasando páginas mientras ese delicioso aroma a hoja de tebeo sacude nuestras fosas nasales, para leer el prólogo de Enrique Martí, que nos sumerge a la perfección en la época decimonónica y nos traslada con pulso firme a Londres, capital de la Revolución Industrial y el colonianismo que cambiarían el mundo tal y como se conocía hasta entonces. Desde Anatole France, el novelista, hasta Eliphas Lévi, el ocultista, existe un hilo que es fácil de tender pero no de embrollar, y Mª. Carmen Pardo, guionista de 1840, lo ha urdido a la perfección para mantener el misterio de la trama a la vez que nos va mostrando a personajes dignos de tan sugerente época. Las entradillas que preceden a cada parte de la historia no podrían ser más adecuadas, presentando a los personajes con una prosa certera. Entre los personajes me llama la atención Aislin O'Geal, una caradura que nos arrancará más de una sonrisa. El lapicero y las tintas de David Belmonte se conjuntan con el guión para crear una conjura de tonos oscuros que resalta el aura de época, recreando el ideal transmitido por Arthur Conan Doyle, Charles Dickens y tantos otros. El único punto negativo, si se puede considerar así, es que en las primeras dos páginas podemos notar esa diferencia entre el cómic americano, más directo, y el europeo como éste que nos ocupa, que busca más el efecto conjunto de la página que el individual de la viñeta. Pero enseguida la vista se acostumbra y nos adentramos en una historia de 100 páginas que, por fortuna, es solo la primera de tres entregas. Esperemos que EDT no nos haga esperar demasiado, porque repito, la historia engancha y guarda un buen puñado de incógnitas que me dejan, como lector, con una necesidad imperiosa de proseguir cuanto antes.

Bill, héroe galáctico

Hablando de "Imperios". Si estás un poco cansado de ciencia ficción hard, pero eres adicto a las odiseas de la Última Gran Frontera (el espacio sideral), entonces esta es tu lectura. Ésta, y Butterfly (guiño). 




  Bill, héroe galáctico, es un pequeño y enorme libro: pequeño por su extensión en páginas, enorme por la maestría con que nos hace reír y disfrutar de una narración vibrante, excitante, desternillante y varios "-ante" más (deslumbrante, acojonante...). El prólogo de sus traductores, Antonio Rivas y Natalia Cervera, nos mete en cintura y nos sitúa en la prehistoria de este diamante que se publicó en sus orígenes por entregas, allá por 1965, y que tras pasar por Ultramar en 1998 con una traducción menos afortunada que la que hoy podemos disfrutar (por lo que he leído en otras reseñas), llegó hasta mis manos en esta fenomenal reedición de Gigamesh del 2010. Hay frases míticas en este libro como la escrita en los tablones del suelo de los váteres: "MANTËN LIMPIAS LAS DUCHAS, EL ENEMIGO TIENE ESCUCHAS". Pero no solo eso, sino que la prosa de Harry Harrison es vibrante, explosiva como la de la época pulp, época dorada de la cifi y la literatura de género de la que bebe el autor para armar su parodia de Asimov y Heinlein, principalmente. Poco más puedo añadir a las muchas líneas que han corrido ya sobre Bill, ese especial héroe galáctico que se enfrenta a los chíngers allá donde el Imperio le obliga, aunque él solo aspiraba a ser un buen Operario Agrícola cuando paseaba a su robomula... Miento, mención especial para la portada que atrapó la mirada de una amiga mía más observadora que yo, y que luego supe que encierra un "fallo" que no es tal, sino otro acierto. Acércate e invierte unas pocas horas en su lectura y tu verano será alegre y ufano como pocos. Garantizado por un servidor. Pero cuidado, probablemente te pasará lo que a mí: querrás más.

Amor inmortal

Os traigo ahora una lectura para esos momentos en que estamos un poco plof y querríamos ver un maratón de Sálvame, pero como somos seres pensantes no somos capaces de rebajar nuestro cociente hasta esos niveles denigrantes y preferimos coger un libro ligerito, pero con su gracia, oíga. Eso es Amor inmortal, publicado por SM y traducido por Angélica López González en 2011.



  Esta novela de fantasía urbana romántica rompe con el tópico típico de que en las grandes editoriales no hay mezcla de géneros, algo que he oído más de una vez por aquí y por allá y que me parece una memez supina. Los géneros están para mezclarlos y crear nuevos, también para volver a ellos de vez en cuando, pero ambas fuerzas, centrípeta y centrífuga, se complementan y sostienen con vida gracias a la existencia de la otra. Sergio dixit. Vuelvo a la novela en cuestión, que me sale el justiciero que todos los frikis llevamos dentro. Cate Tiernan, la autora, que por lo que sé empezó a hacer sus "pinitos" en el mundillo como editora de Random House Mondadori, ha conseguido crear una narración sin ningún alarde estilístico, pero con mucha miga. La protagonista, Natasya, esconde un oscuro pasado con un secreto que casi ha olvidado ella misma, y pertenece además a una casta de inmortales (este no es el secreto, obviously). La gente con la que se junta son bastante malotes, inmortales que se pasan las noches de juerga y los días de resaca, hasta que uno de ellos, Incy, se pasa de la raya y Nat se da cuenta de que no quiere seguir por ese camino. Entonces se irá a otro lugar, especie de casa hippie adonde todos querríamos ir alguna vez para encontrarnos con nosotros mismos, pero claro no todos somos inmortales. De los personajes de allí, especialmente atractivos resultan el "dios vikingo" Reyn, y River, la más antigua de todos los inmortales que conoceremos. Me llamó la atención lo bien tratada que está la magia en la novela, recordándome en cierta medida al juego de "Mago: la Ascensión". También el hecho de que no hay un grandísimo misterio, sino uno pequeño pero muy bien llevado por la autora.


Y con estas tres lecturas deberías de tener suficiente para pasar un verano de lo más entretenido y constructivo. Si te sobra tiempo y aún no lo hiciste, me permitirás que te recomiende leer Tormentas de verano para refrescarte un poco las ideas literarias, o Más allá de Némesis para enriquecer la posibilidad de que este mundo se vaya al pedo con ciencia ficción patria. 
  Solo me queda desearos que disfrutéis de una feliz estación calurosa, tras la cual volveré con la siguiente entrega (la que hace 3 de 5) de Butterfly. Además, probablemente, os daré alguna jugosa novedad más.
  Hasta entonces, leed y sed felices... Yo ya bajo la persiana y en ella pone:

CERRADO POR VACACIONES ("SÚBETE LA BRAGUETA, EL ENEMIGO NO VEGETA").

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