Buenos días, navegantes.
Hoy os traigo dos entrevistas para que podáis conocer un poco más mi obra y también mi trabajo como editor.
La primera es una video-entrevista que me hizo la periodista y escritora Elga Reátegui, dentro de su espacio "Momentos". La podéis ver íntegra en Youtube:
Elga Reátegui entrevista a Sergio R. Alarte
El segundo espacio, Leyendo Ciencia Ficción, es un podcast que trata sobre este género y me centro más en Butterfly Edición Integral, así como en las obras de cifi que tenemos en Kelonia.
Se oye de vicio en IVOOX, os dejo el enlace:
Sergio R. Alarte en Leyendo Ciencia Ficción
Eso es todo por ahora, espero que tengáis un verano fenomenal y que este nos sirva a todos para renovar nuestras energías positivas y volver a tope a por lo que nos queda del 2016.
Sea a donde sea que vayas, buen viento, navegante.
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21 jul 2016
19 dic 2011
Entrevistas PODCAST El yelmo del caballero
Aquí os pego el enlace de las dos entrevistas, en orden cronológico, que me han hecho desde la salida de mi novela "El yelmo del caballero". Las he recortado del cuerpo de sus respectivos programas (citados igualmente en el nombre del archivo, por si queréis oír los programas enteros). En la primera hablo con los chicos de La Base Secreta (Chuky y David) sobre la novela. En la segunda, con Víctor y Marta de Hello Friki, hablo más extensamente de mi trayectoria y otros asuntos relacionados con la literatura. Mi sincero agradecimiento a todos ellos por su apoyo y profesionalidad.
Entrevista La Base Secreta
Entrevista La Base Secreta
21 nov 2011
1ª Reseña del "Yelmo del caballero" en La ventana de los libros.
Ya está disponible http://laventanadeloslibros.blogspot.com/ la primera reseña de mi novela. Mi sincero agradecimiento a Anabel, que además de acompañarme en la presentación durante la Imagicon, ha sido la primera reseñadora. Espero que os guste.
15 nov 2011
Cronología de Aru
1. Protohistoria e historia de Aru. Acontecimientos más importantes.
Durante nuestra lectura del Yelmo del caballero nos acercaremos a leyendas, batallas y sucesos de épocas pasadas. Quien tuviera curiosidad por hacerse una idea concreta de la división histórica que usan los moradores de Aru y de los acontecimientos que han marcado a sus pueblos, encontrará útil esta cronología.
*ERA DE LOS ORÍGENES
(duró 3000 años).
Año 2500: son creados los humanos.
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Los seis dioses moldearon los Seis Continentes, y poco más tarde crearon a los seis Primogénitos, una pareja por cada dios: titanes, dragones, demonios, oscuros, elfos y enanos. Cada uno de estos pueblos nació en un continente de los seis, menos los espíritus que se formaron desde la muerte del primer Primogénito, el elfo Alosin, y cuyo misterioso origen recibe diversas explicaciones.
-1ª Gran Guerra: de los Dioses-
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*ERA 2ª: DE LOS ELFOS
(duró 2000 años).
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Los elfos apenas participaron en la 1ª Gran Guerra porque eran el más frágil de los pueblos Primogénitos. Aún así se vieron menguados. Pronto ven en los humanos un aliado potencial, pues estos aunque débiles e ignorantes, se han convertido en 500 años en la raza más numerosa del mundo. “Viven como conejos y procrean como conejos” se decía de los humanos entonces. “Aliados, pero nunca hermanos” decían también los elfos.
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Año 800.
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Llegan desde Tálaghor, en la zona más oriental de lo Seis Continentes, los primeros hombres civilizados a Aru. Allí los elfos se mantenían puros y los humanos vivían aún en la barbarie, al contrario que en Tálaghor donde habían prosperado y aprendido de los elfos.
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Año 875.
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Se conocen Urol, señor de los de Tálaghor, y la elfa Namaria cuando su barco naufraga. Se enamoran.
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Año 900.
Fundación los Reinos Hermanos de Narien y Narcrish.
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Casamiento de Urol y Namaria. Se fundan en Aru los Reinos Hermanos de Alnarien y Narfaroth; Alnarien (“Narien” para los humanos, que nunca pronuncian el “Al”, un prefijo común entre los Primogénitos) es dirigido por los elfos, y Narfaroth, gobernado por humanos. Poco después nacen sus retoños, Alnaemos y Nurai, cada uno de los hermanos estará destinado a gobernar uno de los dos reinos.
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Año 900-1900.
Apogeo de los Reinos Hermanos.
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Animados por el ejemplo de Urol y Namaria, humanos y elfos comienzan poco a poco a mezclarse, de manera que con el paso de los años van quedando en Narien y Narcrish pocos humanos o elfos de sangre pura. Algunos de los elfos, los más puristas, abandonan Narien por ello y parten a luchar en las Batallas de los Primogénitos. La civilización de Narien y Narcrish llega a su cúspide, hasta el final de la Era, en los Reinos Hermanos: arte, letras y ciencias alcanzan su apogeo.
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Año 1900-2000
La Perdición de Narien y Narcrish.
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-2ª Gran Guerra: de los Primogénitos-
El Exilio de los Primogénitos
Caída de los elfos que se extinguen rápidamente como raza. Humanos de Narcrish y elfos de Narien se habían vuelto igual de soberbios, y sus más hermosas ciudades cayeron víctimas de Goost y Eiatán, dioses de la Oscuridad y de los Mares. El resto de los dioses no hicieron nada, cogidos por sorpresa y aburridos de las razas mortales, a partes iguales. Mientras los humanos apenas se resintieron de la Gran Guerra, los elfos perdieron más de la mitad de sus escasos exponentes.
Todos los Primogénitos reciben la orden de los dioses de abandonar los Seis Continentes, porque se ha visto que son demasiado belicosos y pueden llegar a destruir el mundo.
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*ERA DE LOS HUMANOS
-3ª ÉPOCA, también llamada DEL DECLIVE-
(duró 1003 años).
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Paso atrás en las civilizaciones, su cultura, su tecnología y su magia sufren un gran retroceso, pues gran parte de la civilización anterior es destruida en la Guerra de los Primogénitos, y casi todos sus secretos parten con ellos más allá del Océano Desconocido.
Los Primogénitos pasan a la historia, y más tarde se elevan a las leyendas.
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Año 800 La primera Peste Negra .
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Gran mortandad y dificultades para los moradores de Aru. Batallas aisladas entre los señores feudales.
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–La 3ª Gran Guerra- (año 993).
Año 993-996.
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Anamos es el último rey de los nárfaros. Sural conquista medio Aru para su padre el rey, mientras éste sufre disentería. Su principal aliado es el conde Tarin de Piedra Pálida, condado que limita al sur con Narfaroth (en la actualidad) y que en aquel entonces pertenecía a los Reinos Hermanos.
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Año 996 La segunda Peste Negra.
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Coincide esta nueva oleada de la enfermedad con el desembarco del Siervo de Goost en Aru, en el este. Las primeras en caer son las Ciudades del Cuerno, Eldagar y Tarcrish, así como los territorios del nordeste, cerca del río Telian.
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Año 1000
Sural es derrotado por el Siervo de Goost en combate singular.
El reino de Narfaroth pasa a ser ducado, y sus dominios feudos del Imperio de la Oscuridad, marcas o condados.
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El reino de Narfaroth cae, aunque algunos feudos resisten todavía, como Talmir, Adisinia o Küntelin, tardarán poco en ser sometidos. El Siervo de Goost es nombrado Emperador de Aru y deja a sus tres duques al mando político: el duque Ariostes de Noche Oscura, el duque Corolas de Eldagar y el duque Sural de Narfaroth, por ese orden de preferencia. Sin embargo este último queda gravemente herido tras su confrontación con el Siervo, y su pariente la dama Cernisa asume el señorío de Narfaroth hasta que Sural se recupera. Cada duque de Aru es obligado a formar un Consejo, con el acólito más cercano por línea de sangre, el máximo general de sus ejércitos y un hombre de confianza de su elección.
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Año 1003: todo Aru ha sido sometido por las hordas del Siervo de Goost.
-Fin de la 3ª Gran Guerra-.
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El emperador de Aru cruza de nuevo los mares para regresar a su tierra de Odror, desde donde maneja los hilos con sus Heraldos Negros y se comunica con los acólitos.
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*CUARTA ERA: DE OSCURIDAD (actual)
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17 oct 2011
Book trailer y noticias "El yelmo del caballero".
Ya está disponible en youtube el book trailer. Con la participación de ilustradores de gran nivel como Carlos Palma "Wolf", Marisa López "Sarima" y David Puertas. La canción que le da ritmo es "Y en la ignorancia", del genial grupo valenciano "Morgana vs. Morgana", disco Nébula. La novela "El yelmo del caballero", que este tráiler precede, saldrá a la venta en librerías el 7 de noviembre de 2011, editada por Grupo Ajec. Próximamente en la página de esta editorial aparecerá el Avance de la novela, con sus primeras páginas para que los interesados podáis empezar a leer.
Además también irán apareciendo allí las fechas de presentaciones del libro, cuya primera confirmada será el 12 de noviembre dentro del marco de la Imagicón (XXIX Hispacón). También tengo guardado algún material de los Relatos de la Tercera Gran Guerra, previos a la acción de la novela, que iré publicando en Internet en las próximas semanas, atentos a este blog y a la web de Grupo Ajec.
Aquí el book trailer: http://www.youtube.com/watch?v=03G3BYsEGgA
Gracias a todos los que, como a mí, os apasiona el género fantástico. Es mi mayor deseo que sigáis disfrutando de él.
1 sept 2011
A la venta en librerías el 7 de noviembre
Se acerca la publicación de mi primera novela: El yelmo del caballero.
SINOPSIS
La espada de un rey. La corona de un soberano. El destino de un simple mortal.
Una humanidad que trata de rebelarse bajo la bota de hierro de la oscuridad.
Los Seis Continentes se vieron sacudidos durante la Tercera Gran Guerra que se disputó en Aru. Una tierra maravillosa habitada por diferentes pueblos humanos que susurran a la luz del fuego sus leyendas de elfos y dragones, titanes y espíritus.
Algunos fueron los perdedores de la guerra: Dardiak el asesino y la dama Auriel de Piedra Pálida; Eleara, bibliotecaria de las Cuatro Puertas, o el duque Sural, que fue llamado el Conquistador hace veinte años... Otros son los hijos de la guerra: la niña Wen, alejada de sus padres y de la esclavitud en un mundo que le viene demasiado grande; el joven Nalkar, que carga a sus espaldas con un misterioso origen; Ragar, un soldado común al que le espera una aventura que nunca había soñado... Tres mujeres y tres hombres protagonizan esta historia de duelos épicos, lazos familiares y traición.
Los seis se verán convertidos en las piezas de un juego de dioses, cuyas claves se nos irán desvelando poco a poco. Un solo acontecimiento puede volver al león en cervatillo, una ofensa puede convertir al que huye en el atacante más feroz.
En El yelmo del caballero encontrarás una respuesta para las preguntas decisivas de los moradores de Aru, paraíso hostil de heroicas leyendas.
14 may 2011
Relatos de la Tercera Gran Guerra I
La Tercera Gran Guerra fue una de los tres sucesos bélicos que marcaron un cambio de época en el continente de Aru. La Tercera Época terminó con la muerte del rey Anamos y la ascensión al poder de su hijo Sural de Fuego, llamado despectivamente ‹‹el reyecito›› en los feudos anexionados durante aquel periodo, apelativo debido tanto a su juventud, como a sus ansias por conquistar las Tierras Meridionales y unirlas a las Tierras Altas que le pertenecían por derecho. Quería crear un gran reino que hiciera frente a la oscuridad que, según su tía Cernisa había predicho, llegaría pronto de allende los mares para sumir a todo Aru en la esclavitud. Lo que su padre Anamos quiso conseguir mediante la diplomacia y el diálogo, Sural lo buscó mediante el acero y a cualquier precio. Los acontecimientos aquí narrados son veinte años anteriores a los de la novela El yelmo del caballero.
“El último barril”
El tercer año de la guerra está llegando a su fin. Tras varias victorias, la alianza formada por el rey Sural de Narfaroth, el conde Tarin de Piedra Pálida y el resto de sus vasallos, ha empujado al conde Ariostes de Noche Oscura a huir de Aru cruzando los mares. Demasiado pronto, pues tan solo han pasado unos meses, corren rumores de que el mismísimo Siervo de Goost ha desembarcado en la ciudad portuaria de Eldagar. Ragnós es uno de los lugares que más ha sufrido durante los tres años que van de guerra, viendo arrasados sus campos y su ganado.
Era una noche inclemente en la ciudad de Ragnós. Una de esas noches en que el viento no para de soplar en todas direcciones por las callejuelas, agitando una llovizna miserable, fría, despiadada. Las campanadas de la torre señalaron la medianoche con doce gongs indiferentes, mientras una figura embozada en una capa barata salía de la iglesia. La figura echó a caminar encorvada, luchando contra las ráfagas del vendaval, hacia la única luz que permanecía encendida al final de la calle. Finy, el frutero, resbaló sobre un adoquín de la calle y se agarró a un poste, a punto estuvo de caer. Usando de toda su fuerza consiguió incorporarse de nuevo. Y siguió avanzando, trabajosamente, paso a paso luchando contra la distancia que lo separaba de aquel candil azotado por el viento como su propio cuerpo, como su miserable alma tambaleante, necesitada de la esperanza de aquella luz, del consuelo de un lugar donde escapar de su vida.
En cuanto alcanzó la puerta sintió que las inclemencias del tiempo se apaciguaban bajo la techumbre de madera. Llamó, tres golpes secos sobre la puerta. Pronto se abrió entre los maderos una rendija que derramó una luz amarillenta a la oscuridad del exterior lloviznoso, aullador.
─¿Quién va?
Finy reconoció la voz vasta del gordo Sam, el tabernero.
─Soy yo, diablos, el frutero.
─¿Finy?
─Sí, aunque como no abras pronto, vas a tener que darle tú a mi mujer la noticia de que se ha quedado viuda… ─rezongó Finy, sujetándose a un pilar para soportar una nueva embestida del viento─. Porque he estado a punto de abrirme la cabeza hace un momento, por culpa de este tiempo de perros.
La rendija se nubló de nuevo dejando al frutero en la oscuridad, pero enseguida pudo oír el sonido de los cerrojos al deslizarse, y un segundo después la puerta se abrió para que Finy entrase al interior. La atmósfera cambió de inmediato, allí no entraban ni el viento ni la lluvia, y el calor de la chimenea reinaba junto a las titilantes llamas de los candiles en el espacioso hogar. Finy se quitó la capucha y respiró hondo, intentando sacudirse de encima el mal cuerpo que traía. Pero fracasó. Sabía que para eso todavía le harían falta muchas cervezas.
─¡Anda Finy, échame una mano y te descuento una moneda de lo que me debes! ¡Asco de…
Se volvió hacia el gordo Sam y lo ayudó a cerrar la puerta. El tabernero echó los dos cerrojos rápidamente.
─…aire! ¡Gracias, amigo! ¿Qué hay de nuevo?
─Poca cosa, Sam. Ponme una cerveza, anda.
─Voy.
Los dos caminaron hacia la barra de madera clara de abedul, que dominaba aquel lado del espacio rectangular de la taberna. Tomaron posiciones, el tabernero en el interior, el cliente en el exterior. Momentos más tarde Finy se llevaba a sus labios una jarra de cerveza sin apenas espuma, mientras que Sam se dedicaba a enjuagar algunas jarras usadas y ponerlas a secar boca abajo. Sintiendo que empezaba a entrar en calor, Finy se despojó de su capa calada y la tiró sin cuidado en un taburete cercano. En la taberna solo había un grupo de tres soldados alrededor de una mesa, además del propio Finy y el tabernero. Finy se sumió en sus propios pensamientos durante un tiempo, mientras bebía lentamente la cerveza. Sorbo a sorbo el líquido fue bajando, pero los pensamientos no se volvían más halagüeños, y tampoco se le olvidaron sus problemas ni se le pasó el mal cuerpo. Para eso harían falta más cervezas, muchas más. Era una noche para lamentarse de haber nacido. No sabría decir si habían transcurrido unos minutos o una hora, cuando los soldados se acercaron para pagar. Finy le dio vueltas en el interior del bolsillo de su jubón a algo, sin prestare mayor atención.
─Nos toca hacer la guardia, Sam. Guárdanos nuestra mesa para cenar el viernes.
─Bueno, eso dependerá de si de aquí a entonces se le ocurre aparecer a los de negro o a los de rojo… Pero si yo sigo aquí tendréis vuestra mesa, cabo. Aunque todo lo que tendré para comer será sopa aguada y un poco de pescado. No os preocupéis.
─Todos esperamos que sean los del rey Sural quienes vuelvan victoriosos. Ya lo hizo una vez, tengamos fe, Sam.
─La fe es lo último que se pierde, mi cabo, pero de fe no se come. Ni se bebe. Mi madre decía que la fe es para cuando uno está más cerca de la muerte que de la vida, el resto del tiempo lo que nos sirven son los hechos.
─Bueno… Que Selón os guarde.
─Que nos guarde a todos, cabo.
Los soldados desaparecieron por la puerta. Finy acompañó a Sam y lo ayudó a cerrar de nuevo.
El tabernero se quedó mirando hacia Finy, frunciendo el tupido ceño.
─¿Qué? ─preguntó Finy, incómodo.
─Que no te pienso descontar otra moneda… No al menos hasta que cambies esa cara y me cuentes qué diablos te pasa.
Ambos caminaron de nuevo, silenciosos, hasta retomar sus posiciones a uno y otro lado de la barra.
─No me descuentes nada y ponme otra cerveza, haz el favor. Con lo que gané hoy, solo me llega para pagarte la primera.
El gordo tabernero cogió diestramente la jarra vacía y la rellenó del barril, para dejarla en un santiamén delante de Finy otra vez. Después se sentó en el interior de la barra, no sin antes dedicarle una mirada de reojo al frutero. Se conocían de toda la vida. Habían pasado por momentos buenos, malos y peores. Pero nunca había visto así a su amigo. Esperó respetuosamente a que Finy se decidiera hablar, pues con el paso de los años había aprendido que cuando estaba así, era mejor esperar.
─¿Crees que alguno de los dos ganará esta vez, Sam? Quiero decir de verdad, definitivamente. Me da igual que sea el reyecito Sural, o que sea el maldito Siervo de Goost. Pero el pueblo necesita estabilidad, yo no aguanto más…
─No sé, Finy ─Sam dejó escapar un suspiro entre sus gruesos belfos. A continuación se atusó su poblada barba castaña, pensativo─. Creo que los dioses nos han abandonado, que se cansaron de la raza humana hace años. Primero llegó la peste, asolando estas tierras. La peste se carga al rey Anamos, y el reyecito Sural decide que tiene que haber guerra para que Aru sea un lugar seguro, porque el Siervo de Goost va a venir de más allá de los mares y no sé qué predicciones de su tía. Y cuando parece que va a haber paz, resulta que de verdad viene el Siervo y otra vez la guerra. El reyecito del norte se tendría que haber buscado otro momento para ampliar su reino, eso creo. Porque si la peste y una guerra son malas, la peste y dos guerras son mucho peores. Ragnós nunca ha sido una ciudad rica, pero ahora parece una ciudad fantasma. Si la cosa sigue así, no te voy a poder seguir invitando a cerveza, Finy.
─¡Cuando tuve monedas nunca tuviste que invitarme! ─le reprochó el frutero, que siempre fue delgado pero ahora estaba esquelético─. Y si no podías, tan solo con decírmelo basta. Total, para ahogarme la pena que arrastro no creo que me alcance ni con un barril entero de ese meado de cabra que sirves. Toma.
Finy sacó de su bolsillo el objeto con el que había estado jugando distraídamente: una moneda de cobre. Sam le mostró las palmas de sus manos, rehusando.
─¿Sabes por qué sigo invitándote a cerveza, Finy?
─¿Por qué lo haces?
─¿Y por qué no? ¡Al diablo! La guerra está matando a todo y a todos. ¡Al jodido diablo! Mira. Me quedan dos barriles de cerveza, cuando solo me quede uno cerraré. Total, invito a más gente de la que me paga. La gente necesita calmar sus penas, sobre todo la gente que no tiene una moneda. No nos merecemos esto. Además, ¿de qué sirven las monedas cuando no hay nada que comprar?
─Eso mismo me pregunto yo… Intenté comprar algo de grano para que mi mujer y mi hija pudieran comer hoy, pero con la moneda que me quedaba no he podido comprar nada. El avaro de Lucien pedía cinco monedas por medio kilo. Y lo peor es que se lo han quitado de las manos... Los del Siervo quemaron los campos en su última incursión y no tengo nada que vender desde hace un mes. ¿Qué hago, Sam, qué puedo hacer?
─No sé, Finy. Tú tienes tu familia, tu mujer y tu hija. No sé qué puedes hacer tú, pero te digo lo que pienso hacer yo… Y tú decides.
─Soy todo oídos ─respondió Finy, expectante.
El frutero ya empezaba a sentir el espíritu más liviano por el efecto del alcohol, y miró al tabernero con un brillo parecido a la esperanza en sus ojos negros, sombreados por cárdenas ojeras.
─Pues bien, dije que cuando se termine el penúltimo barril cerraré, ¿bien? ─Finy asintió─. Bien. Tengo una mula vieja que es la única que me dejaron los soldados oscuros cuando saquearon Ragnós, así que cargaré en ella el barril que me queda y mis cosas. Luego voy a hablar con el cabo y me alisto en el ejército. Me han dicho que el sábado se espera la llegada de nuevos refuerzos para ir a la guerra. Se están formado levas en todas las poblaciones de por aquí. Esta vez ha venido el Siervo de Goost en persona, dicen que es un semidiós o no sé qué paparruchas. El reyecito Sural un semidiós no será, pero yo lo vi hace unos años y ya me sacaba tres cabezas, un tío grande de cojones. Cuando se enfrenten estos dos quiero verlo, total, aquí ya no me queda nada de nada. ¿Y sabes qué?
─¿Qué? ─Finy dio un nuevo trago a la cerveza, apesadumbrado ante el gris panorama que se le presentaba: su último amigo allí, y se le iba a la guerra.
─Que gane quien gane en la batalla final, una vez terminada pienso subirme encima de mi último barril de cerveza, para estar a la altura de tan altos señores, sabes, y voy a aplaudir. Voy a aplaudir hasta que me canse, y a reírme bien alto. Porque esto ya no hay quien lo aguante.
─Qué suerte tienes tú, que puedes irte sin más. Ojalá pudiera acompañarte.
─Bueno, suerte o no, tú tienes el cuerpo caliente de tu mujer todas las noches en la cama, y tu niña, que te da la esperanza de un futuro mejor. Si yo no vuelvo nadie me echará de menos, excepto tú y dos o tres parroquianos más a los que también llevo invitando unos meses. Nadie más.
─En fin, ¿mañana estarás aquí todavía, entonces?
─Aquí estaré, Finy.
─Hasta mañana entonces, Sam.
─Hasta mañana, amigo. Ayúdame a cerrar la puerta desde fuera cuando salgas ─pidió el orondo tabernero, mientras lo acompañaba a la salida.
Una vez en el exterior, los pensamientos y las dudas se agolparon en la cabeza de Finy, quien caminaba de nuevo encorvado contra el vendaval en medio de una noche sin estrellas, una noche para que solo salieran a pasear las ánimas en pena. Como seguía el itinerario contrario, ahora a veces lo favorecía el viento, pero resultaba aun más incómodo porque en varias ocasiones lo cogió al descuido y de golpe. Así estuvo a punto de dar con sus huesos en tierra una y dos veces, hasta que a la tercera, al girar el último recodo antes de su casa, no hizo pie entre las baldosas de piedra y cayó de hinojos. Se quedó allí parado unos minutos, bajo el agua que le azotaba la cara y el viento que le quitó la capucha. Miró al cielo de azogue, sintiendo como una lágrima de impotencia se mezclaba con los regueros de lluvia ‹‹Tal vez debería unirme yo también a la milicia. ¿Mi mujer lo entendería? Seguro que no, y mi hija, menos… Pero por todos los dioses, si nunca he manejado una espada cómo… A esa mula vieja no le deben quedar muchas fuerzas, seguro que estira la pata a la primera jornada de viaje… Siempre puedo llevarle el barril a Sam. Porque, a fin de cuentas, ¿qué esperanza nos queda aquí?››.
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